viernes, 23 de septiembre de 2011

ESTATUA DE SAL


"Pero la mujer de Lot miró atrás y quedó convertida en estatua de sal."
Génesis 20, 26

De tu amor quise huir, escapar
dejarte atrás en el desierto de la vida
quise arrancarte de mí, olvidar lo que fuimos,
porque te amaba, porque no me querías.

Corrí desesperada, sin mirarte a los ojos
no quise verte más, te di la espalda,
te dije adiós y me tragué las lágrimas
caminé sin norte con el alma estrujada.

Dejé el pasado contigo atrás, pero te amaba,
quedarme a tu lado era luchar en vano,
todo sería igual, tejiendo la misma rutina,
encuentros furtivos, se fue haciendo costumbre.

Siempre esperando tu llamado, tu regreso,
siempre sola abrazando mi almohada,
en tu vida solo había un pequeño espacio
para ese amor que me dabas a ratos.

Hoy...no sé por qué volviste, no sé por qué volví,
tal vez nunca te fuiste de mí, tal vez no me fui,
oí tu voz y me di vuelta hacia atrás, hacia el ayer,
ahí estabas con más años pero amándome igual.

Yo no sé que sentí, fue solo mirarte, tocarte,
descubrir que los años fueron semanas, días,
que nuestras almas nunca estuvieron separadas,
era nuestro designio, unidos pero lejanos.

Te vi y me envolvió toda la bruma de un pasado,
tú ahí besándome, acariciándome, enamorándome,
sé que al dejarte entrar quedaré convertida en sal,
entre el hoy y el ayer, perdiéndote y esperándote.

Como te estoy esperando hoy, como siempre,
contando otra hora, otro día, otra semana,
petrificada en la sal de tu recuerdo, esperando...
ese tu regreso que será la vida o la muerte.

TU BESO


Cuánto esperé ese beso que me robaste hace un día,
duró unos minutos apenas, quise retenerlo en mi boca,
que no terminara jamás, que tus labios me esclavizaran,
me derritieran, me ataran al flujo de tu saliva, de tu lengua;
cuanto esperé ese beso que fue un almíbar tibio
endulzándome los rincones vacíos y amargos de mi cuerpo.
¡Cuánto lo esperé!

Cuánto esperé de tu boca, todo ese amor dormido,
que quiso despertar al acercarte; me diste otra vez la vida,
como en un cuento de esos que la princesa despierta;
era tu beso real, largo y profundo, que mudo me habló del amor
que en ti no nunca murió, que siempre me esperó,
y todo el dolor añejo se fue, se esfumó
tu suave beso venció a mi soledad.

Y yo también quedé vencida, derrotada,
sin querer luchar bajo la seducción de tu beso;
de la nada, de un ensueño volviste
para borrar toda mentira, toda irrealidad,
porque al fin siempre fuiste tú, tú,
enamorándome así... otra vez.

Loco mío, déjame amarte que no puedo resistir
estas ansias de inventar otro tiempo,
de caer rápidamente en un lecho
hacernos el amor, reconocer nuestra piel,
volver a ser amantes, como antes...
olvidarnos del mundo, solos tú y yo.

Hoy que estás, que volviste, no te dejaré ir,
me quedo a la espera de otro regreso tuyo,
ardiente, impaciente, quiero soñar tu beso...
que ya lo deseo, lo extraño, lo necesito;
que me vuelvas loca de placer.
Sueño amarte como ayer y todavía más.

Mas siento miedo de esto que siento,
miedo de despertar y saber que no fue cierto.
Miedo de amarte, miedo de ti, miedo de mí...
Miedo de tu beso que me enloquece, que me subyuga,
tu beso, tu beso, tu beso... vuélvemelo a dar
para continuar viviendo sea verdad o sea mentira
siempre que estés tú venciéndome al final.

ESA SOLEDAD...


Pintura de Cecilia Savino Belgrano

Esta soledad que abruma,
que me atrapa, que me quiebra
esta soledad de hoy y de ayer,
de mañana y de siempre...

Esta soledad que me camina
por la piel, por mis años
esta soledad infinita,
añeja como el mar...

Esta soledad pegajosa
que vuelve cuando no estás
inseparable como las sombras, fantasmal
que nunca se irá...

Esta soledad que te aleja,
que ahoga el amor y los recuerdos,
que implacable te lleva de mí
soledad, único norte de mi amor...

Esta soledad que son las horas desoladas,
desquiciadas de no verte, de perderte,
esta soledad que es la muerte
esperándote a la orilla del mar.

DEL PASADO


Ahí estaba otra vez frente a ti, viéndote a través de la bruma de los años, como si no hubieran pasado, tuve miedo de saber que todo aquello ya estuviera muerto. Te miraba hablar y comprendí tantas cosas, toda una vida pasó frente a mí, como una película. Recordé el día en que te dejé, el día que te dije adiós, dejándote parado en el umbral; me fui casi corriendo, tragándome las lágrimas, te dejé porque entre nosotros estaba todo dicho...eso pensé aquel día. Me alejé, y fue la mayor estupidez. ¿Cómo saber que lo comprendería quince años después? Allí estabas, tú, el hombre de mi vida, con el que escribí una historia, al que quise, al que amé, al que perdí... El que los años regresaron, quien sabe por qué. Lloré intensamente por ese tiempo que se fue, el que desperdicié por ir tras ilusiones, tras sueños estúpidos, de los que solo recogí mala siembra.

Hubiera querido detener ese momento, esas pocas horas que podía estar a tu lado; siempre fue así, las horas siempre han sido cortas para estar contigo, y el tiempo de esperarte fue eterno. Tu beso no se hizo esperar, ese beso dulce de antaño que abordó mi boca, que me hizo revivir el primer beso que me diste, ¡aquel beso! sentí el sabor de tu amor, ese que estuvo siempre para mí, seguías siendo tú, el de un pasado extinto que volvía a despertarme; ¡siempre tú!, ¡siempre tú en mí!. Ni los años, ni el olvido te vencieron. No pude eternizar el beso, tuve miedo de descubrir que aún te amaba, que te había perdido por nada... Y ya es demasiado tarde para mirar al futuro, quizá me quede esto solo de ti, un reencuentro que me hizo llorarte aún más, amor de mi pasado.

Fuimos caminando esa tarde y tomaste mi mano, así como lo hacías antes, fue una pequeña felicidad que retornó, que me hizo sentir viva nuevamente; en estas horas muertas y desoladas a las que regreso siempre, todavía el calor de tu mano y la calidez de tu boca, me recuerdan que estoy viva, mas no puedo evitar tragarme otras lágrimas. Ya estoy aquí de nuevo, a setecientos kilómetros de distancia, queriendo rescatar esas horas, pero ya ves, el destino siempre me aleja de ti, solo me deja la angustia de no saber si te volveré a ver. Quizá por eso algún día me fui, porque todo siempre fue así... Encontrarte, perderte, reencontrarte, volver a perderte. Y el corazón se desangraba con esas heridas de tus ausencias.

Del pasado y al pasado te me vas, allí incólume te quedas, esperándome tú a mí, y esperándote yo, porque esta vez no me voy; me quedo a la espera de otro reencuentro que me devuelvan tu beso, tu voz, aunque no vuelvas, aunque me eternice esperando, en ese pasado vivo y muero junto a ti, oyendo el sonido de un vals, el que me unió a ti, mi amigo, mi amante, mi compañero, mi amor. Es poco el tiempo que nos queda, solo nos acompaña el recuerdo y las horas de un pasado que vuelve a hacerse hoy. No querré irme de ti, nunca más, eres...eres... sigues siendo... te llevé oculto, hoy quiero sacarte a la luz, que sepa todo el mundo lo que eres... un pasado dormido que hoy revive mi corazón, que hoy regresa a mí por esas cosas incomprensibles de la vida, no te irás al ayer, lo sabes y lo sé, no te irás....

Y VOLVISTE...


Y volviste con el ayer a transformarlo todo,
a remover las cenizas de un tiempo muerto;
volviste despejando la niebla, las telarañas;
allí frente a mí estabas como si nada...

Quien diga que el amor muere, pura falsía,
treinta años y más entre tú y yo, eterna historia,
me fui, no te olvidé, quedaste en mí eterno
y el tiempo pasó...perdí tu rastro hasta hoy...

El hilo de un tiempo nuevo trajo tu voz,
reclamándome, pidiéndome un regreso;
avivando el fuego apagado de mi corazón
recordándome que sigo siendo tuya, que soy tu amor.

Aquí estoy otra vez, volviendo a ti, ilusionada;
lloro tanto pensando que dejarte fue el más grande error,
que huí de ti buscando un camino mejor,
y te perdí por nada, por inmadurez, por tonta.

Al recibir tu beso fue recordar tantas cosas, tantas...
fue revivir el primer beso, ese que me robaste
hace treinta años viajando en un taxi,
¡como hubiera querido regresar el tiempo atrás!

Y te amé como entonces, más que entonces,
fuimos después caminando juntos de la mano,
por las calles soleadas, desandando el ayer,
hasta este hoy que nunca me separará de ti.

SIN LÁGRIMAS


A J. quien la muerte se llevó...


No quiero despedirte con lágrimas
lo haré a mi modo, con el corazón sangrando
sin decirte adiós, recordando el último día que te vi,
que reímos, que hicimos el amor,
que volvimos a ser amantes,
un reencuentro fugaz que el ayer nos regresó.

Hoy ya no estás, dejaste este mundo,
sin una carta, sin una llamada,
así, sin más, la muerte te vino a buscar,
te arrancó de esta vida, de mí;
hoy no tengo palabras, solo callar.

En mi corazón te quedas quieto,
de mis recuerdos no te vas,
en el antiguo amor te quedas conmigo
para conservarte un poco mío,
sin que nadie te lleve, ni la muerte.

Te recordaré como entonces,
en ese otoño cuando caminamos de la mano,
recordaré tus besos y esa ternura
que fue dueña de nuestro amor.
Solo así te evocaré siempre y sin lágrimas.


ESA DE AYER


Pensar en esos días, en ese tiempo
me devuelve a aquello que vivimos,
no lo puedo evitar... te vuelvo a extrañar...
y obligo a mi memoria a recordar,
la primera vez que nos miramos,
cuando tus labios se abrieron
para confesar un te quiero.
¿Cómo olvidar esos días? ¿Tú podrías?

Pensar en ti me hace casi llorar
de nostalgia, de tristeza,
¿quién dice que el pasado no vuelve?
si aquí te tengo otra vez, tú preguntando por mí,
yo, destapando recuerdos que no han de volver.

Porque si te confieso ahora, sin tapujos
que en esta soledad desierta, en este destierro,
en este desamor al que vivo condenada,
es tu recuerdo quien me vuelve a dar vida.

Esa que fui ayer, esa que te amó,
se perdió dentro de mí, no volverá a ser.
Mas al buscar tu foto, no puedo evitar
sentirme esa tonta romántica,
que enamoraste con un vals,
que con un beso me hacías volar a las nubes.

...Fuimos ese amor prohibido, una locura
que el destino separó por esas cosas del azar,
o tal vez porque alguno de los dos se alejó, que más da.

Hoy que regresas como si no te hubieras ido,
me pareces el mismo de ayer, el que yo amé,
guardando en ti, el mismo gran amor, el que perdí.

Y yo, esa de ayer, que tampoco te olvidó,
esa que guarda una mínima esperanza de encontrarte,
de cerrar mis ojos otra vez, temblar al recordarte...
y esperar con ansiedad ese beso que el adiós no borró.