
Como hojas secas y amarillas
se van agrietando los recuerdos
en un rincón oscuro del alma;
se van perdiendo, diluyendo
en la memoria gris y nostálgica
días felices que murieron
de la niñez, de la juventud,
de esos amores que como ave de paso
se fueron sin dejar huella.
Como hojas frágiles y añejas
con el color blanco del olvido,
queda el ayer detenido en el tiempo
a la deriva quedan los recuerdos
sin horizonte, sin brújula, sin retorno
naufragando en las aguas profundas
del mar de la soledad, de la nada.
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