
Y siempre vuelvo a ti, siempre a ti
negada totalmente al tiempo y al olvido;
aún me resisto a cerrar la puerta
del pasado, del ayer que vivimos.
Cómo cuesta decir un simple adiós,
sintiendo que al decirlo cada vez
al nombrarte se me va el aire, la vida.
adiós no, para que no muera
este anhelo de verte regresar un día
aunque en cada gaviota que vuela,
en el crepúsculo rojo del atardecer,
de mil veces distintas te despide esta
Certeza antigüa de saberte muy mío,
pero tan lejano de mí, como el horizonte
que borra en la distancia tu recuerdo,
lejano de esta añoranza que te llora.
Ya es hora quizá, de escribir un epitafio,
de arrancarme de cuajo este empeño
de revivir un amor que yace enterrado
en un camposanto de versos blancos.
Poner punto final, no, no me atrevo,
matarte dentro de mí…al pensarlo, un miedo
me acuchilla las entrañas, me paraliza.
Jamás, jamás podría dejarte ir.
Porque esta cobardía de sepultarte,
de cerrar para siempre el círculo del ayer,
es más fuerte, me puede, me vence,
y mío te quedas, muy mío… eternamente.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada